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Carlos
por diez años...
Consecuencia
Lógica
Dejar de
mirarse el ombligo es un ejercicio altamente gratificante, ya que nos
hace protagonistas de los pasos dados como sociedad.
Hoy llueven informes sociales de nuestro estado de salud psíquica,
frías estadísticas d la conducta de OTROS. ¿Será
tan así? Muchos suponen que la serie de asesinatos en Mar del Plata
es solo porque esas víctimas andaban con el paso cambiado y así
lo justifican. También conocemos el tráfico de niños
en la Mesopotamia y se escuchan voces "comprendiendo" estos
ilícitos, argumentando un mejor standard de vida. Recientemente
un cura de un pueblo de Santiago del Estero denunció una aceitada
organización de tours sexuales con niños/as de 7 a 12 años,
como existe en Tailandia, Laos o Camboya.
En las rutas argentinas es vox populi que por un plato de comida niñas
de 10 a 12 años conocen el límite de la bajeza humana. La
degradación nos envolvió y nos trajeamos de hipócritas;
el costo de la décda pasada en la Argentina la pagaremos en los
próximos cincuenta años, la absoluta decadencia moral nos
inundó desde la primera magistradura y tiñó todo.
La descomposición no conoció límites y ahora sufrimos
las consecuencias, en el camino quedó el amor, palabra que para
muchos suena a ridícula y que resume lo mejor para el humano, vienen
los hijos que deberían potenciar el amor...
Pero la realidad es dura. Pandillas azotan las ciudades, drogas y alcohol
es la moneda corriente. Nosotros los adultos ¿No tendremos ninguna
responsabilidad?.
Existen indicios que nos muestran en que pico de enfermedad estamos. Nombrar
asesor presidencial a un estafador internacional, gracias a sus maniobras
es dueño de un banco, viñedos en Cuyo, estancias en Luján,
Córdoba, Patagonia y el norte; ministros y secretarios armando
leyes de privatización y que hoy representan a las compañías
ganadoras, o nombrar a la mujer del año a una persona que se apiada
de los olvidados; el gesto y el laburo de esta señora es válido;
pero con este premio nos lavamos las manos y el problema ya no existe.
Los niños son olvidados por sus padres y asumen actitudes de adultos,
pero... son niños y comienza el descontrol afectivo, social y cultural.
Hoy nuestros jóvenes se entregan a hacer "huevo", es
el comienzo del suicidio colectivo. Todos somos víctimas. Es un
espiral del que aún desconocemos sus alcances atroces y cuyas heridas
tardarán en cicatrizar.
Quizás es pedir mucho, pero cada padre debería cuidar a
su cría; saber donde está y a quien frecuenta; si de una
vez por todas fuéramos coherentes, defender con los hechos lo que
decimos que amamos, no tendríamos hoy este panorama desolador:
solo en la provincia de Buenos Aires hay 600.000 jóvenes que decidieron
ni estudiar ni trabajar. Este dato arrollador nos pinta el presente, ni
pensar en el futuro. Estos miles de jóvenes tendrán hijos
con otras pautas de vida; en algún momento fueron niños,
hermosos y deseados; el olvido y la falta de comunicación los marginó.
Ahora el problema es nuestro, la violencia engendra violencia. Todos somos
víctimas, todos somos responsables por mirar para otro lado y solo
enterarnos por la TV.
La falta de valores éticos nos envolvió desde la Justicia,
el Congreso Nacional, las gobernaciones y los honorables concejos deliberantes
junto a los departamentos ejecutivos; de esos ejemplos se nutren los niños,
de la vida fácil y el dinero abundante.
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