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El Senador «Así es Carlos Alvarez, un gran actor...» Creyó ser un general y en la práctica es solo un coronel recién ascendido. El dicho popular es no pedirle peras al olmo. Así están las cosas en el Frente Grande. En la República Argentina pasaron cosas demasiado grosas como para que quede ladrillo sobre ladrillo. La década infame (Menem 89/99) se expandió sobre todos, incluso sobre él, que trabajó con más sentido publicitario. Tanto flash, tanto espejo terminaron por desdibujar su propia imagen y apartarlo del discurso progresista de la famosa bancada de los "8", acercándose a Alfonsín, tuvo que tejer otros ribetes que tuvieron un único destinatario: el poder por el poder mismo. Aceptar y apoyar la gestión económica de Menem-Cavallo, transar con la derecha sin escrúpulos y convalidar la reforma anti obrera, las leyes de obras sociales, el pago irrestricto de la deuda externa; el blindaje y seguramente el arancelamiento universitario, la dolarización y un techo de 300 dólares mensuales. Así es Carlos Alvarez, un gran actor, que interpretó como nadie el Quijote desde la vicepresidencia; siendo sus molinos el lúgubre Senado y el entorno sushi con champagne (Antonito y su claque). Lo veíamos venir (porque uno no es ingenuo) y sabíamos como terminaría, algo parecido a Rodrigo, perdió su control y el final está cantado. A este sufriente hincha de Racing solo le queda el ayer; era otro país, otra ilusión. Durante una década luchó por llegar y lo logró ¿para qué? quizás ni él lo sabe. Su imagen se multiplicó gracias a los medios periodísticos, esa era la estrategia, solo esa. El Frente Grande se consume solo, porque Alvarez así lo diseñó... La generosidad es una tributo de los mejores. Los hilos de este títere están en las manos de Chacho, y él está cansado. Pero ya es tarde, nadie de peso político quedó a su lado. Este gran actor argentino, hoy devenido a profesor en la Universidad de Quilmes, juntará en Varela-Varelita a nostálgicos reporteros que levantarán su encendida lucha por las igualdades y la moral, Mientras degustan un café. La grandeza de la Nación va por otros carriles. Chacho es un típico producto de La Paz (el mítico volcán bohemio). Un muchacho de barrio que cuando llegó no supo ni pudo. La puesta en escena terminó. Nadie olvidará sus pasos por las tablas. Los 30 últimos meses marcan el ritmo del argentino medio, en estado casi vegetativo de la producción y a decir verdad, la culpa es complejísima y masiva de centenares de políticos profesionales, ajenos absolutos al bien común. De la Rúa necesita a Chacho y a la recírpoca, pero solo por ellos mismos, a nosotros los comunes esta Alianza nos ignora en los proyectos y sí nos cuenta en la recaudación fiscal; una visión particular de asumir la democracia. Chacho por su gestión patriótica de Vice (9 meses) quedó estresado, se recupera en Brasil y en la paradisíaca Villa La Angostura, ¿cómo podríamos recuperarnos los sumergidos, sin esperanza?, a partir de estos hechos descubrimos a los charlatanes, a los simuladores. Con un 25% de apoyo, según las últimas encuestas, la ingeniería delarruista apuesta a que el inestable Chacho represente a Capital Federal en el hermético Senado. Carlos Briuoli, 3 de enero de 2001
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