ARGENTINA: ANATOMIA DE UNA SOCIEDAD MUY DESCONFIADA

Cambios económicos e incertidumbre en Argentina 2002

Por el Dr. Ernesto Eduardo González (*)

Nada está asegurado, ni siquiera lo peor” Edgar Morin
El punto de partida de esta nota es que bajo el común denominador de la incertidumbre podemos analizar muchos de los cambios que se han producido en nuestra sociedad Argentina reciente, a partir de lo que podríamos llamar la “prisión” de la economía, y más precisamente, a partir del momento en que se empieza a producir el “encarcelamiento” desde los bancos y el famosísimo “corralito”.
Con esa medida se viene abajo el modelo de desarrollo de la convertibilidad. En América Latina, a partir de la crisis de la deuda externa, quiebra espectacularmente el modelo de industrialización sustitutiva de importaciones. Pero en general, en todo el mundo se viene abajo, o por lo menos afronta crecientes dificultades, el modelo basado en las políticas de corte keynesiano, y en la prioridad del mercado interno, desde el momento en que los mercados de capitales, y el famoso FMI comienzan a imponer a cada uno de los gobiernos nacionales la necesidad de controlar el déficit, la inflación y la deuda, para evitar que esos desequilibrios provoquen movimientos de capital capaces de desestabilizar radicalmente la economía de un día para otro. Argentina pese a su intento de “déficit cero” y por la pésima administración De La Rúa, está en una situación grave, crítica: Argentina “acorralada”.
Hoy, la quiebra del modelo económico de convertibilidad supone, por una parte, la aparición de nuevas reglas de juego en la economía, que deben ser aceptadas independientemente de los graves inconvenientes que puedan tener para Argentina, y que esa quiebra conlleva, por otra parte, un aspecto ideológico, que es hoy el principal marco del pensamiento económico a definir por el Gobierno Nacional. El Gobierno del Dr. Duhalde que ha asumido en el peor momento de la historia argentina, con enorme valentía.
Y con una sociedad argentina muy sensible, muy golpeada tras dos años delarruístas.
A las reglas de juego que imponen los mercados de capitales se les adjudica un grado de pensamiento único, lo que no equivale a pensar que sean inmutables, sino que imponen condicionamientos objetivos a los que no pueden escapar los gobiernos mientras la economía no alcance otro marco institucional. La quiebra del modelo tradicional significa una fuerte incertidumbre para todos los actores. Ni los actores económicos, trabajadores y sindicatos, consumidores, inversores y empresarios, ni los actores políticos, cuando se mueven en el terreno económico, pueden seguir ajustándose ya a sus estrategias tradicionales, las que hasta ese momento habían mantenido. Peor aún, no saben qué estrategias pueden adoptar, no conocen todavía las consecuencias de las nuevas reglas de juego y, por lo tanto, ignoran cómo comportarse para defender sus intereses dentro de ellas.
Lógicamente esa incertidumbre en el plano económico afecta a los ciudadanos individuales, que no saben lo que pueden esperar en lo que se refiere a sus ingresos, ni a sus puestos de trabajo, ni siquiera a la evolución global de la Economía Destrozada Argentina en el plazo inmediato. Y surge el “Cacerolazo”: que derrumba gobiernos. De hecho, gran parte de los males que padecen los argentinos, provienen de que tras un momento, a comienzos de esta última década, en el que se había tenido la ilusión de haber llegado a una etapa de crecimiento estable o de recuperación, y de que se iba a poder ganar o recuperar lo perdido, se produjo de nuevo una recesión, un derrumbe, una fuerte crisis financiera, que supone una vuelta atrás, un retroceso de la situación económica y una mayor incertidumbre social. Que es hoy la mayor crisis que se ha vivido en Argentina. La parafernalia de la improvisación: Blindaje económico, Déficit Cero, Megacanje, etc, han agotado la confianza de los ciudadanos. La incertidumbre económica se traduce en que los ciudadanos no saben cómo planear su vida futura, qué será de ellos, de sus hijos, de sus proyectos, y en general del contexto familiar y de relaciones en el que se mueven. Muchos emigran. Así asume Eduardo Duhalde, en medio de este clima, para intentar cambiar un destino oscuro, difícil.
Esa incertidumbre económica, vivida personalmente por los ciudadanos, se traduce en incertidumbre política. Los argentinos se identificaban con las diferentes opciones políticas en la medida en que sabían lo que podían esperar de ellas. Hoy los argentinos han sido defraudados por sus “representantes políticos”.Es malo generalizar, pero hay demasiados ejemplos. Son los argentinos que han padecido a De La Rúa y son los argentinos que ven por los medios de comunicación las críticas de un ex presidente, desde el exterior, disfrutando de otra situación, de un aparente lujo casi desvergonzado, mientras millones están por debajo de la línea del NBI......mientras vamos en un tobogán de descenso dejando atrás una vida digna. La identificación política ha sido un vínculo implícito de representación entre el ciudadano y un actor político. Los partidos políticos tienen un origen histórico y una trayectoria determinada, a partir de lo que podemos entender como un mito fundacional, que definen su ideología y permiten prever sus estrategias y sus respuestas frente a los dilemas sociales y económicos. Para el ciudadano el voto por un determinado partido, el apoyo a un determinado partido se basa en que la identidad de éste le permite prever lo que este partido hará en el gobierno, o qué intereses defenderá, y cómo, desde la oposición. Esto no ha ocurrido y entonces el desprestigio político es enorme.
Desde la crisis de los ochenta las estrategias y modos de actuación tradicionales de los actores políticos han dejado de funcionar; por lo tanto muchos de los actores políticos no son ya confiables, en el sentido de que, si continúan en sus estrategias tradicionales, no pueden ofrecer los resultados que anteriormente ofrecían; y si, por el contrario, las cambian, van a ofrecer un resultado diferente al que el ciudadano esperaba de ellos al votarles o al apoyarles. El no saber lo que se puede esperar de los actores políticos se traduce en incertidumbre política: el ciudadano no sabe en quién puede confiar para defender sus derechos. Los argentinos confiaron en De La Rúa y fue un fraude, una mentira. Quién había prometido ser el empleador de todos los argentinos logró la más alta tasa de desempleo de la historia, quién iba a ser el adalid de la justicia y la seguridad, huyó en helicóptero de la Casa Rosada, y dejó tras de sí alrededor de 30 muertos en una refriega histórica, de la cual nadie se ha hecho cargo. Esta incertidumbre política abre posibilidades: El argentino que no puede ya confiar en un cálculo racional sobre lo que hará un partido si se le apoya, puede optar por un líder antes que un partido, que normalmente tiene mayor capacidad para conseguir esa confianza de los ciudadanos en la medida en que aparece como ajeno o periférico a la vida política tradicional y al sistema de partidos. Y esto no es ninguna garantía. Es decir, que uno de los efectos de la incertidumbre en lo que podríamos denominar el mercado político sería que los ciudadanos estarían dispuestos a poner toda su confianza, sin ninguna garantía previa, en líderes de los que poco o nada se sabe, que carecen de trayectoria política, o bien ésta es irrelevante para el cargo que pretenden ocupar, y en cuyas manos se pone de hecho el destino individual y, muy a menudo, el destino de toda la nación. Hartos de las caras de siempre, tal como lo explican los formadores de opinión, son más de lo mismo, y que pasan de ser funcionarios, diputados, senadores, etc, a “aptos para todo servicio”, y donde cada vez más entendemos que gran parte de nuestros impuestos se usan a discreción para mantener una elite, una sociedad feudal, donde se turnan los distintos miembros de algunas ya conocidas familias y sus allegados, que nos prestan muy poca atención, y que llegados al poder, al cargo, imponen y disponen a su capricho y sin la necesaria atención a sus votantes y partidarios. Son “representantes” de sus propios intereses. Esto es lo que quiere cambiar el Dr. Duhalde.
Quizás no todos, pero a la fecha y en Argentina, esta historia se repite. Es una constante.
Este fenómeno, que tiene claros ejemplos en América Latina, se da también en otros países, tienen bastante que ver con ese mecanismo de delegación en un líder, que normalmente posee un discurso populista, demagógico, acompañado de la definición de un enemigo interior. Mientras, absorben, toman los recursos públicos.
Quienes votan a esta opción, con este planteamiento que tiene graves consecuencias políticas y sociales, ven tarde el error, aunque lo que deseaban era contrarrestar la incertidumbre actual. Y así toman el poder quienes, nos volverán a defraudar.
Una segunda posibilidad es que la incertidumbre en el mercado político se traduzca en el confinamiento de la participación política en movimientos de objetivo único o de ámbito local. El ciudadano que duda o es escéptico sobre los resultados esperables de su participación política, (la actual política está en manos de minorías, que expulsan a quienes desean participar, y hay muchos ejemplos de esto), en el ámbito de la política nacional, puede optar por restringirse a espacios en los que le sea posible prever razonablemente el efecto de su actuación, de su participación, por la cercanía del ámbito de decisión o por la limitación del objetivo que se propone. Seguramente no es casual el que paralelamente a la erosión de las identidades políticas tradicionales haya crecido la participación en movimientos sociales o asociaciones de objetivo único o de ámbito local. El tercer sector.
Otra posibilidad, preocupante, es que en ausencia de previsión sobre lo que puedan hacer los partidos políticos, y ante el verosímil agotamiento o desgaste de las figuras carismáticas o caudillos, como alternativas a los partidos políticos tradicionales, se imponga una tendencia a la disminución de la participación política global. Es decir, que se podría producir simplemente una situación de amplia apatía política, con la autoexclusión de la esfera de lo público de un gran número de ciudadanos. Asqueados y defraudados. En una situación de incertidumbre, los que poseen menores recursos comunicativos, informativos y materiales, serán quienes primero se excluyan de la vida política, renunciando a una participación cuyos resultados no compensan el esfuerzo en tiempo y esfuerzo que se exigen.
Esta posibilidad de la autoexclusión de la vida política es el mayor riesgo, sobre todo en nuestro país, porque puede significar que la agenda política se decida únicamente en función de los intereses de dos tercios o la mitad de la población, de quienes mayor acceso a la información y a los recursos poseen. Y esto no ocurre por que sí. Parece planificado. Es decir, que la agenda política se restrinja por falta de participación de los sectores de menor renta, educación y capacidad informativa, la mayoría, y se reduzca únicamente a los intereses de los grupos comparativamente más privilegiados.
En síntesis: la incertidumbre política podría conducir a la apatía política y la apatía política podría conducir a que la agenda se restringiera al nivel impositivo, olvidando los objetivos del gasto o del uso de los recursos fiscales por parte de la colectividad. Que se discutiera sobre qué nivel de impuestos y no sobre enseñanza, sobre salud, o sobre infraestructuras; que en función únicamente del interés de los ciudadanos de clase acomodada, se prescindiera así de los intereses globales de la sociedad e incluso de lo que podrían ser los objetivos imprescindibles para que un país se mantenga cohesionado como nación.
Para que brindar ciertos servicios sociales a la población de menores recursos? Hay ejemplos, donde desaparecen Secretarías de Estado para “bajar gastos”, por la “Reforma del Estado”, y en realidad no interesa si sirven, si es una acción necesaria, sino que parecería que está basado en ver a que universo de población favorece, (y si es hacia la clase menos favorecida para que gastar?), se las reduce a subsecretarías, dentro de Ministerios, que tienen recortes presupuestarios importantes. Los quiebres también llegan por lo económico, y para sectores, generalmente parecería que a los menos favorecidos.
La incertidumbre procede, entonces, de la quiebra de un modelo económico y ésta se produce como consecuencia de la desregulación del mercado de capitales, desde finales de los años sesenta hasta los ochenta, en un proceso relativamente largo y complejo, pero que por sus muchos efectos podemos considerar en estos momentos ya completo. Habría que preguntarse, al menos por curiosidad intelectual, por qué se produce esa desregulación de los mercados de capitales, y en segundo lugar habría que analizar sus consecuencias. En Argentina existen alrededor de 16 millones de pobres, en una población de 36 millones. Los pocos millones de la llamada “clase media” poco a poco están pasando a engrosar la clase pobre y millones están pensando en emigrar, para huir de esa situación, y de posibles conflictos graves que se ven venir. Sobre los orígenes, se podría pensar que la desregulación fue la consecuencia de un intento de mayor regulación del mercado norteamericano de capitales en los años sesenta y setenta, a partir de las grandes inversiones multinacionales norteamericanas. La consecuencia de esto, fue una dinámica general de desregulación competitiva de los mercados de capitales, donde la mayoría de los países, tratando de incentivar la entrada de capitales, coincidieron en una creciente desregulación. Y esto ha sido problemático para todos, y muy especialmente para Argentina, pues la desregulación completa del mercado de capitales significa la completa pérdida de autonomía de los gobiernos nacionales a la hora de fijar sus políticas macroeconómicas. Los mercados de capitales, en la nueva situación, pueden sancionar con su desconfianza, y consiguientemente con la salida de capitales, a cualquier país que se aparte de su sistema, variable según los momentos y las coyunturas, sobre los términos nominales aceptables de déficit, deuda e inflación. Eso significa que ningún país puede salirse de los límites de esa norma sin pagar el precio de una salida de capitales que destroza su economía. Argentina llegó a ese límite, elevó su “riesgo país” a las nubes y parece que ahora sus ciudadanos deberán sufrir la condena, y ser el ejemplo para los demás países de lo que “no se debe hacer”.  Y esta condena nos hará sufrir, pasaremos un temido infierno y desierto. Ojalá no sea así. Pero desde el FMI aclararon que habrá sufrimiento......
Si queremos intentar encontrar soluciones estables a los problemas del presente, Argentina debe replantear muchas incoherencias. Debemos ser más serios, más coherentes. Ahí el reto, el desafío del gobierno del Dr. Eduardo Duhalde.
Todos los argentinos somos conscientes de que en la economía real, existen los costos que deben abonar todos los sectores, y no solamente los perjudicados de siempre, para los que no parece existir justicia. En suma, ofrecer un verdadero marco de confianza ante la incertidumbre. Que hoy no existe. Con o sin corralito: No existe. Esta es la más fuerte batalla que libra el Presidente Duhalde, ante el desastre de tantos años, de tantas desilusiones.
Las nuevas reglas de juego de la economía han acentuado la incertidumbre de todos los actores y han hecho crecientes e imprevisibles los cumplimientos satisfactorios de las transacciones. Y que el aumento de la incertidumbre tiene efectos negativos sobre el funcionamiento de la Economía Argentina Real.
El ejemplo es la durísima retracción en el consumo de bienes cuando los consumidores se ven afectados por una incertidumbre creciente sobre su futuro laboral y su nivel de ingresos. Con una realidad de desempleo que supera el 20%, con una pobreza en aumento, y con una economía estancada, y sin circulante en la calle, ya no solo podemos hablar de retracción, sino de posibilidad de conflictos. Así Argentina tiende a mercados de consumo estancados y con recuperación débil, además sumamente vulnerable a movimientos de capitales relativamente imprevisibles. La consecuencia global es que la tendencia actual no es de un crecimiento, sino una espiral de implosión, que puede extenderse gradualmente, sin inversión, y además de fiebres especulativas de doloroso incierto. Quién invertiría hoy en nuestro país?. La Paradoja Argentina es ante ese pequeño universo de poder económico y político argentino desprestigiado, la mayor desconfianza de los ciudadanos “de a pie” no se disipa. El problema no es sólo que la economía vaya mal, es que los ciudadanos no están seguros, en vista de los sucesos últimos de diciembre y enero 2002, de que no les vaya a ir peor en cualquier momento. Personas con empleo, ingresos medios, son cada vez más renuentes a comprometerse en compras o en operaciones de inversión a medio plazo, porque no saben lo que puede suceder y porque temen que se mantenga esa situación que podemos definir como mala en los próximos días o meses. Esto sucede en Argentina, donde la Salud Mental Argentina está en el diván analizando como salir de una encerrona, de créditos, de inversiones en dólares, de pérdidas tras pérdidas, que angustian y enferman. Ni hablar de inseguridad, violencia y muerte............Y el temor general a perder el empleo.
Desde la década de los noventa, en función de ese marco ideológico neoliberal, se ha dado por descontado que la principal estrategia de desarrollo empresarial es la flexibilización de las plantillas de sus recursos humanos, la posibilidad de reducirlas drásticamente para adaptarse a mercados y coyunturas cambiantes. Una de las consecuencias de las que, por cierto, algunos expertos en gestión empresarial son crecientemente conscientes, es la pérdida de capital humano: los trabajadores, o mejor dicho, las plantas empresariales, pierden el saber implícito de los trabajadores que son despedidos para adaptarse a las oscilaciones de la coyuntura, pero pierden también, y esto puede ser más importante, la confianza de los trabajadores restantes en la lealtad de la empresa hacia ellos. Hay tantos casos.... Se produce así una estructura de incentivos plenamente negativa, un círculo vicioso en el que las empresas no tienen razones para invertir en la formación de los trabajadores y éstos no se esfuerzan en mejorar su formación, los que poseen saber implícito no tienen razones para desarrollarlo o ponerlo al servicio de la empresa, y muchas veces, en la pura búsqueda de la reducción de plantilla, personas que son clave para la productividad o la adaptación estratégica de la empresa se pierden en aras de la reducción del costo salarial. Eso significa un riesgo creciente no sólo de que los mercados se puedan estancar por insuficiencia de la demanda, sino también de que, cuando se produzca “algún” crecimiento de la demanda, las empresas no estén en condiciones de adaptarse a él, porque se han descapitalizado en el plano humano, porque los trabajadores no poseen los conocimientos ni la motivación necesaria para satisfacer a un nuevo mercado o a unas nuevas demandas. En lo público es lamentable lo que han logrado los dirigentes sobre los empleados públicos, que no son culpables del desastre de algunos funcionarios que avergüenzan, y que luego echan la culpa de sus gestiones pésimas a los trabajadores estatales, es triste y hay ejemplos no sólo bochornosos, sino además de dimisión del Estado, que parecen cuentos de terror, con nombres y apellidos de dirigentes famosos, políticos, etc. Merecería una publicación especial. Cuantas empresas públicas se han vaciado, las han puesto en un freezer, y han difundido durante bastante tiempo que daban pérdidas, para luego privatizarlas, y que casualidad!!; hubo empresas que las compraron, y que increíble: dieron ganancias.......Milagroso no?. Vigencia de: “La única verdad es la realidad....”
El verdadero Déficit Cero: El déficit de Confianza:
Como nos ha enseñado Francis Fukuyama, la confianza es un capital social: la confianza es necesaria para regular los intercambios políticos y para mantener el tejido social, pero también para hacer funcionar la economía. Ha habido cambios objetivos en Argentina que han disminuido la confianza de los actores y de las personas individuales. Esa desconfianza se traduce en un repliegue hacia mini universos para sobrevivir, perjudica seriamente a la economía, a la sociedad y al asentamiento de la democracia. Sólo hace falta recordar un poco de historia Argentina de los dos últimos años. Y se ve reforzada esa tendencia a la desconfianza por una ideología neoliberal que elogia al mercado por encima de las instituciones, las reglas, los intercambios recíprocos y, en suma, de la creación de relaciones de confianza entre las personas y los actores, entendidos como Comunidad.
Dicho de otra forma: tenemos un problema de instituciones y reglas en la economía global, pero tenemos, y quizás ante todo, un problema inmediato de volver a poner en la “agenda del día”la importancia de las relaciones de confianza, de la existencia de reglas que pauten el intercambio social, de instituciones que devuelvan la confianza a los actores y respalden la existencia de tales reglas, en la economía y en todas las esferas de la existencia social. Luego de 5 presidentes en tan poco tiempo, luego del corralito, luego de las colas en los bancos, luego del dólar en alza, luego de ajustar y poner la mano en el bolsillo a los jubilados y a los empleados públicos, de los que menos tienen, luego de la “fuga” de capitales, luego de no tener a nadie preso por este desastre, luego de no existir la reforma política y sí la reforma administrativa contra los que menos tienen, hará falta un esfuerzo enorme para reconstruir la confianza. Quizás antes de lograr construir las nuevas instituciones económicas, sociales y políticas que necesitamos, un primer paso sea defender, en el plano de las ideas, la importancia de las reglas, las instituciones y la confianza. La importancia, en política para empezar, de partidos capaces de llegar a acuerdos, de crear relaciones de confianza entre ellos en función de un objetivo democrático común, y de crear confianza en los ciudadanos por presentar proyectos posibles y acordes con sus hechos, partidos que hagan lo que nos dicen y digan lo que hacen. Pero ésta es ya otra historia.
Por eso, si se quiere reconquistar la confianza se deberá urgentemente recortar drásticamente el costo político; en todo el país, y no un “maquillaje”. Que el presidente Duhalde lo haga. Seguramente la mayoría lo acompañaremos. Sin dudas la gran mayoría percibe las presiones de los distintos lobbys sobre el gobierno del Dr. Duhalde, y su lucha contra los intereses que no son a favor de la felicidad del Pueblo Argentino, como tironean y como intentan “salvarse” sin importarles la mayoría.
Será el triunfo del Presidente Duhalde, y del Pueblo Argentino, donde los argentinos podremos volver a reconsiderar la confianza perdida.-
 
(*)Ernesto Eduardo González es investigador social, docente universitario, licenciado en demografía, doctor en sicología, magíster en drogadicción


Por eso, si se quiere reconquistar la confianza se deberá urgentemente recortar drásticamente el costo político; en todo el país, y no un “maquillaje”

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