| ¿Olvidado
ya?. ¡Reparemos una injusticia!
Corría
el mes de junio de 1981. Me dejó todo ordenado. Las cuentas
claras, bien balanceadas, y un municipio con sólo 196 empleados
en su plantel de personal…
Don Adolfo R. R. Balbi ocupó la Intendencia Municipal como
segundo administrador designado por el Proceso Militar. En 1981,
mi designación en su reemplazo, como tercer gobernante local
de facto de dicho Proceso, rompió una amistad no muy estrecha
pero si respetuosa hasta entonces.
A poco, en una alianza periodística poco disimulada, él
comenzó un ataque permanente que dolía mucho, sinceramente
debo decirlo, a mi me dolía mucho. Más que contra
mi administración, creo que ese ataque era contra mi persona.
Y el único motivo que encontré para justificarlo es
el de haber sido designado para reemplazarlo. Al principio la aparición
de esa publicación semanal cargada de mucha saña me
producía tal malestar que dedicaba mis fines de semana a
escribir respuestas que indefectiblemente enviaba al periódico.
Como nunca he tenido pelos en la lengua, generalmente esas contestaciones
a las diatribas recibidas eran fuertes y precisas. Don Adolfo y
sus amigos encontraban así un nuevo camino para una nueva
réplica. Era lo que ellos pretendían y yo inocentemente
caía en la trampa. Así se configuraba una cosa de
nunca acabar…...
Un
día, después de redactar un largo manuscrito contestando
alguno de sus ataques, decidí meterlo en un cajón.
De ahí en más el periódico tuvo que encontrar
nuevos temas para cada una de sus ediciones, pero eso no era obstáculo
para ellos: ¡siempre lo hallaban!. Recuerdo que en una oportunidad,
no teniendo nada que decir, llegaron a publicar una página
totalmente en blanco para incitarme a que contestara algo que se
les ocurrió. Muy ingenioso, lo admito.
No
obstante la pasé por alto y con mucho dolor seguí
haciendo lo mismo: respondiendo furibundamente en el papel pero
guardando mis escritos en el cajón. A medida que se amontonaban
las notas de respuestas sin enviar, mi ansiedad por escribirlas
fue mermando. Finalmente me cansé y no escribí más
respuestas: Balbi y compañía seguían atacando,
y yo trabajando. Así terminé de perder mi tiempo.
Mis dolores fueron cicatrizando y amortizándose. ¡Mi
relación con Don Adolfo estaba rota para siempre!.
Por lo que yo conozco, Adolfo R. R. Balbi era un hombre de apreciable
fortuna personal, que fuera cimentada en su trabajo honesto. Este
lo había conducido a constituir con suceso varias sociedades
comerciales. Recuerdo que en alguna oportunidad adquirí algo
en una ferretería industrial de la calle Tacuarí en
la Ciudad de Buenos Aires de la que él era el propietario.
Un día de 1954, 16 años antes que yo lo hiciera, decidió
radicarse en Gral. Rodríguez, precisamente en el Parque Barrio
La Argentina (Estación Las Malvinas). Desde entonces desarrolló
allí una gran actividad usando su enorme capacidad de trabajo
y también su peculio personal para impulsar la incipiente
Sociedad de Fomento y también la biblioteca de la misma.
No
contento con eso, otras inquietudes lo siguieron moviendo. Siempre
la educación estuvo en primer lugar. Para suplir las necesidades
de los establecimientos educacionales del Distrito, Don Balbi, como
muchos lo llamaban principalmente cuando se acercaban a su puerta
a pedir algo, acudía en socorro muchas veces con especies
y otras con dinero de su propio bolsillo.
En
ese aspecto, su dedicación fue permanente. Su figura fue
vista pasar por varias escuelas primarias necesitadas y el listado
que poseo podría ser injusto por lo incompleto. Sin embargo
vale mencionar que en su barriada del Parque La Argentina construyó,
o ayudó en la construcción, de la Escuela N° 15,
luego el Jardín de Infantes, comenzó las obras de
la sub-comisaría, donó la capilla, y algunas cosas
más.
En
el casco céntrico de Gral. Rodríguez, Balbi también
desarrolló una intensa actividad filantrópica principalmente
en el llamado Centro Educacional Complementario N° 1, por entonces
ubicado en Hipólito Irigoyen entre Avda. San Martín
y Saavedra. Y aunque muchas más obras de filantropía
lo contaron por aquí, voy a quedarme en esta nota con este
Centro.
En
1977 creó la Fundación “Amelia Martínez
de Balbi” aportando para ella una cuota inicial de veinte
millones de pesos. El motivo que lo impulsó era la construcción
del nuevo edificio para lo cual la Fundación adquirió
un terreno de 3500 m2 en la esquina de Avellaneda y Liniers, detrás
de la cancha del Club Alem. La moderna estructura que inclusive
está provista con una hermosa pileta de natación,
única en las unidades educacionales del distrito, puede observarse
hoy con el nombre de Centro Educativo Complementario N° 801.
Hasta aquí un relato memorioso de encuentros y desencuentros,
más de estos últimos que de los primeros. Conociendo
la forma de ser de Balbi, debo decir, a fuerza de sincero, que no
creo que nuestra relación personal se hubiera podido restituir
en el tiempo. Sin embargo, de mi parte no guardo rencor alguno y
debo admitir que lo admiro por su dedicación y mecenazgo,
aunque él ya no lo pueda saber.
El
Departamento Ejecutivo Municipal del año 1989 designó
al Sr. Adolfo R. R. Balbi como “Ciudadano Honorable de Gral.
Rodríguez” en reconocimiento por toda su labor comunitaria.
Como se puede observar por todo lo que he expresado, una distinción
muy bien merecida.
Ahora
bien, esta nota que los militantes a ultranza del montonerismo reinante
objetarán sin duda, pasará en poco tiempo al olvido.
Sin embargo, antes de que eso suceda, voy a sugerir, aún
a ellos, un momento de reflexión.
Sacando
de lado tanto la actuación de Balbi como la mía propia
como parte integrante de un gobierno de facto, sin pretender con
ello lavar ninguna culpa que nos quieran achacar a quienes por entonces
hemos tenido alguna participación, debe reconocerse la profunda
honestidad gestora de “Don Balbi” y sus aportes personales
a la comunidad.
Como
hombre de bien, como persona de alta generosidad, haciendo abstracción
de su participación política en un momento que es
difícil de juzgar a la distancia, propongo a quienes de ello
dependa, se instituya el nombre de este ciudadano ilustre al Centro
que él con su peculio personal construyera. Llamar Centro
Educativo Complementario N° 801 “D. Adolfo R. R. Balbi”
sería un aceptable homenaje. Si ello se comprende y se hace,
¡será justicia!.
Carlos R. Arano
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Asunción al cargo el 8 de junio de 1981 de
Carlos R. Arano. En la misma se puede observar la frialdad
en las caras. En el centro, el Ministro de Gobierno Guillermo
Fernandez Gil.
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