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Drogas:
sin hipocresía.
Hace
un tiempo, la hipocresía de parte de la sociedad se expresó
cuando la Corte Suprema, reconoció a la tenencia de marihuana
para el consumo personal como no punible, la cofradía de
reaccionarios comenzaron rápidamente a expresar que el máximo
Tribunal de Justicia había “legalizado” el consumo
de drogas.
Desde
ese fallo ejemplificador, muchos fueron y son los proyectos presentados,
en la misma línea de pensamiento, en el Congreso de la Nación,
uno de ellos, pertenece a la joven diputada de Libres del Sur, Victoria
Donda, con la pretensión de modificar la ley de narcotráfico
y despenalizar la tenencia de marihuana para el consumo personal,
una afirmación de la legisladora, plasma con total crudeza
la realidad al decir: “Mientras los narcotraficantes hacen
sus negocios libremente con la venia de la policía, los usuarios
son perseguidos y castigados por cultivar y consumir marihuana y
no entrar en la red de narcotráfico para obtenerla”.
La legisladora Donda, remató sus dichos con una tremenda
obviedad que en este caso es bienvenida: “No podemos desconocer
que una parte de la política se financia desde el narcotráfico”.
Tenemos que ser conscientes que sin esta complicidad, el narcotráfico
seria una expresión delictiva insignificante, es importante
que alguien que representa institucionalmente al pueblo, lo enuncie
de esta forma tan clara y sin eufemismos.
Para ser justos, varios políticos en la última campaña
electoral han mencionado esto que todo el mundo conoce y casi todos
callan, Tal vez, la frustrada Elisa Carriò haya sido la que
ha arremetido con mayor virulencia contra la creciente influencia
del narcotráfico en nuestro país y su ligazón
con el poder político, sin duda alguna, una de las mayores
problemáticas que hoy tenemos y que, entre otras cosas, está
estrechamente relacionada con la inseguridad creciente, la financiación
ilegal de algunos sectores de la política, el enriquecimiento
de funcionarios y, por tanto, merma dramática de la calidad
institucional que pareciera importarles muy poco a vastos sectores
de la población argentina.
Es
preciso tener en cuenta algunos factores trascendentes al momento
de hablar de drogas. En primer lugar, quienes las consumen, en un
gran porcentaje son adictos, o sea, enfermos, la adicción
es una cuestión de salud, no de delito; en segundo termino,
no es un detalle remarcar que cualquiera que quiera consumir drogas
con total facilidad encuentra un proveedor, circunstancia que pone
en evidencia la falta de acción del Estado o, peor aún,
la corrupción por parte de hombres de las fuerzas de seguridad
y del poder político; en tercer lugar, si bien los factores
son muchos más como toda problemática compleja, la
casi ausencia del Estado en la prevención y tratamiento de
los adictos, la cual al margen de ser escasa, es además,
ineficaz.
El
gobierno de la provincia de Buenos Aires hace hojarasca de su presunta
lucha contra el narcotráfico, cuando quien pretenda adentrarse
mínimamente en el tema, no tendrá que hacer ninguna
investigación profunda, para saber que, en toda la provincia,
si algo abundan son precisamente las diferentes drogas al alcance
de quien las quiera. Con falaces estadísticas quieren demostrar
que hacen lo que no hacen, esto es fácilmente percibible,
màs del 90% de las detenciones por venta de drogas se practican
a adictos, que tratan de financiar su adicción con el menudeo,
es de extrañar que después de “concienzudas
investigaciones policíacas”, siempre se detengan a
adictos con irrisorias cantidades de marihuana o alguna otra sustancia,
pero nunca escucharemos que procedan a la detención de los
mayoristas, o sea, los narcotraficantes, hecho que puede ser fácilmente
determinable si se siguiera el camino de la provisión de
las drogas, por lo cual se muestra palmariamente que los anzuelos
de la seguridad bonaerense no son para los peces gordos, apenas
para unas indefensas e ingenuas mojarritas.
Recuerdo,
no hace mucho tiempo, la bonaerense con algún miembro del
gobierno, mostraban ostentosamente la incautación de 8.000
dosis de paco, para aquellos desconocedores de la temática,
pueden resultarle trascendente este procedimiento, en cambio, si
supieran que un adicto que no llegó a la ultima y trágica
etapa adictiva al paco, consume algo màs de 100 dosis diarias
y, quien lamentablemente se encuentra ya en el precipicio de esta
aberrante y destructiva droga, consume 300 dosis al dìa,
llegaríamos a la inequívoca conclusión que
en realidad no han encontrado nada, menos del consumo de un mes
para un solo adicto.
Observando
en noticieros o periódicos el secuestro de cantidades significativas
de droga, en especial cocaína, donde si hay narcotraficantes,
apenas comenzamos a profundizar un pelìn, vemos que el secuestro
irradiado por el gobierno y fuerzas de seguridad, es en realidad
la culminación de una investigación realizada por
las fuerza de seguridad especializadas de EE.UU. o alguna de las
potencias europeas, donde solamente la fuerzas autóctonas
no tuvieron más remedio que posar para la foto.
Otros
secuestros, mínimos, son obra de la casualidad y otros de
intenciones inconfesables.
Dicho lo dicho, a esta altura creo que tenemos una visión
más real del narcotráfico como hecho delictivo y el
consecuente aumento en el consumo de narcóticos.
Este fenómeno de la sociedad moderna debe ser enfocado desde
diferentes aristas y uno de ellos es que precisamente el adicto
es un enfermo y, en el caso de nuestro país, como de otros
de nuestro continente, victimas de un Estado corrupto, permisivo
e hipócrita que permite la circulación cuasi libre
de lo que está prohibido.
La
criminalización de los adictos, no es más ni menos
que un hecho de manifiesta injusticia, contando en muchas ocasiones
con la complicidad de parte del poder judicial, aunque cada vez
son más lo jueces que permiten que esa detención se
transforme en una oportunidad para el adicto y, de esa manera pueda
acceder a un tratamiento que, en muchos casos debe ser solventado
por la propia víctima, puesto que el estado tiene un política
raquítica en la rehabilitación de drogodependientes,
dejando a los sectores más humildes y vulnerables de la sociedad
en total indefensión.
La
adicción suele estar muy ligada al delito, la mayoría
de los miles de jóvenes presos por robo, hurto y hasta homicidios,
son adictos que el Estado ha abandonado con su accionar malicioso,
llegando a la paradoja trágica de convertir en victimario
a las victimas y a otros directamente en victimas por la inacción
vil de quien debiera bregar por el bien público en la mayor
extensión del termino: EL ESTADO.
Los proyectos presentados por los legisladores de casi todos los
bloques políticos van en la dirección correcta, aunque
deben llegar a la raíz del problema, esto, por ahora, está
inconcluso.
El
Inconsciente, 22 de noviembre de 2011
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