| La
firmeza argentina
El fin de la Primera Guerra Mundial se concretó cuando,
el 28 de junio de 1919, Alemania firmó el Tratado de
Paz de Versailles. En el marco de ese acuerdo figuraba la
creación de la Sociedad de las Naciones. Esta iniciativa
pertenecía al presidente estadounidense Wilson. La
finalidad era dar un marco jurídico a las negociaciones
de paz entre las naciones. En julio de 1919, Argentina se
sumó al Pacto de las Naciones pero no al de Versailles.
Hasta que se retiró al enterarse que los países
perdedores de la Gran Guerra quedarían fuera del organismo.
Yrigoyen creía que la pertenencia a esa entidad era
importante. Pero estaba convencido que no debía guardar
ninguna relación con el reparto de las conquistas bélicas
acordado por los vencedores. Por eso su decisión fue
terminante.
El
fin de la Primera Guerra Mundial se concretó cuando
Alemania firmó el Tratado de Paz de Versailles el 28
de junio de 1919. Al día siguiente lo ratificaron los
aliados.
En
el marco de ese acuerdo, figuraba el proyecto de creación
de la Sociedad de las Naciones.
La
nueva organización comenzó a sesionar recién
en 1920, cuando lo acordado en Versailles ya había
sido ratificado por los distintos países que lo habían
firmado.
El
presidente norteamericano Woodrow Wilson había concebido
a la Sociedad de las Naciones como el organismo internacional
capaz de dar un marco jurídico a las negociaciones
de paz. Sin embargo, en Europa, los aliados ya habían
firmado tratados secretos impulsados por Francia e Inglaterra.
Por
esa razón, la propuesta del Primer ministro francés
Jorge Clemenceau consistió en firmar primero la paz
e incluir la creación de la Sociedad de las Naciones
como una parte del Tratado. De esta manera, la flamante entidad
quedaba subordinada a un acuerdo previo de los países
europeos que ganaron la guerra.
Woodrow
Wilson pertenecía al partido demócrata que,
había quedado como minoría legislativa en las
dos Cámaras del Congreso norteamericano. No logró
la aprobación de su propuesta por el Senado, y los
Estados Unidos quedaron fuera de la Sociedad de las Naciones.
Mientras
tanto, en Argentina, el presidente Yrigoyen, advirtió
que le estaba llegando información fragmentaria sobre
la existencia de tratados secretos. Por eso, el 21 de diciembre
de 1918 envió un telegrama al ministro argentino en
Francia, Marcelo Torcuato de Alvear para que transmitiera
su contenido al gobierno francés y al presidente de
Estados Unidos, Wilson, que estaba en París.
Ese
documento decía: "El gobierno considera que, por
la significación y por las actitudes asumidas durante
la contienda mundial en relación con una y otras de
las potencias empeñadas en la lucha, le corresponde
tener intervención en los congresos que se celebren
para tratar las bases en que ha de reposar la estabilidad
futura de las naciones".
Sobre
este aspecto, el historiador argentino Gabriel del Mazo, estableció:
"El interés de nuestro gobierno no se refería
en tener intervención en la conferencia que los beligerantes
celebraban para tratar las condiciones de paz, sino en los
congresos donde se discutieran principios de interés
para todos y se establecieran las bases en que habría
de reposar la estabilidad de las naciones".
Argentina
manifestó su adhesión al Pacto de la Sociedad
de las Naciones en julio de 1919, a través del ministro
Alvear. Pero no al Tratado de Versailles del cual formaba
parte ese acuerdo. Para Yrigoyen, la formación de una
Liga de Naciones era una idea de la que valía la pena
participar, aunque entendía que su realización
debía discutirse públicamente entre los Estados.
Pero esa Sociedad, según Yrigoyen, no debía
guardar ninguna relación con el reparto de las conquistas
bélicas acordado por los países vencedores.
A
pesar de que el gobierno argentino adhirió al Pacto,
cuando aún no había sido ratificado el Tratado
de Versailles, en enero de 1920, el primer ministro francés
Clemenceau quiso dar un golpe de efecto a Yrigoyen. A través
de una nota donde informaba que había sido ratificado
el Tratado de Paz, invitaba a la República Argentina
a adherirse al Pacto de la Liga que formaba parte del mismo.
La
respuesta de Yrigoyen fue terminante: "Me es grato transmitir
a Vuestra Excelencia la ratificación del gobierno argentino
a los términos de adhesión expresados en la
nota del 18 de julio". De este modo, el gobierno argentino
adhería a la Sociedad de las Naciones como organización
universal independiente, separada del Tratado de Versailles.
En
los primeros días de octubre de 1920 quedó constituida
la delegación argentina ante la Sociedad de las Naciones.
La presidía el ministro de Relaciones Exteriores, Honorio
Pueyrredón, junto con el ministro argentino en Francia,
Marcelo T. de Alvear y el ministro en Austria.
Al
exponer la posición argentina ante la Asamblea, Pueyrredón
destacó la necesidad de que la Liga de las Naciones
"encare la creación de una organización
permanente de cooperación económica entre los
estados responsables, a fin de asegurar y de mejorar la suerte
de los pueblo". También agregó: "Los
fenómenos sociales que la necesidad y las justas aspiraciones
de los obreros al progreso provocan en un país, tienen
repercusión en los otros y hacen incómoda la
vida de las poblaciones. Es necesario establecer una cooperación
económica, una especie de estatismo internacional,
por cuyo medio los gobiernos puedan coordinar su acción
social, defendiendo al mismo tiempo el interés colectivo
contra la presión del interés privado".
El
4 de diciembre de 1920, Pueyrredón, presidente de la
delegación nacional, por orden del presidente Yrigoyen
informó a la Asamblea el retiro de la representación
argentina. La razón: la Sociedad de las Naciones se
declaraba universal, pero no incluiría a los países
que habían perdido la guerra.
Sobre
esta decisión, en un telegrama a Pueyrredón,
Yrigoyen dijo: "La permanencia de los representantes
habría implicado una desviación de los principios
sustentados, y una verdadera profanación a la integralidad
de ellos que ninguna sanción posterior adoptada por
el gobierno argentino habría llegado a justificarla".
Fuente:
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