| El
ajuste progresista
Al
poco tiempo de finalizadas las últimas elecciones generales,
re-coronando a la presidente Cristina Fernández, nos despertamos
una mañana con la “revolucionaria” iniciativa
del gobierno que a partir del 2012, eliminarían el subsidio
a los servicios de luz, gas y agua, entre otros, a los residentes
en Puerto Madero, algunas otras zonas de la clase alta porteña,
residencia de varios funcionarios del gobierno popular y nacional,
como también a los que viven en country y barrios cerrados
de todo este “generoso” país.
Sin
esforzar en demasía las neuronas, cualquiera podía
darse cuenta que esa quita está destinada a la mayoría
de los trabajadores, comerciantes y pequeños empresarios,
o sea, los que siempre han mantenido con su esfuerzo a los de arriba
y a los de abajo, muchos argentinitos se comieron el verso, como
es habitual, sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, esta
vez duró poco, rápidamente comenzaron a darse cuenta
que el AJUSTE era para esa mayoría productiva del país,
puesto que lo restado a esas clases acomodadas en este renglón
de subsidios, es insignificante.
A
esta altura, sabemos que a excepción de los “propietarios”
de planees sociales, jubilaciones mínimas y trabajadores
que en el grupo familiar no perciban 2.500 a 3.000$ mensuales, el
resto dejará de contar con ese “beneficio”, aunque
en las últimas noticias quieren indicar que se extenderá
al grupo familiar que en su conjunto perciba unos 5.000 y pico,
quienes superen este ingreso, son a los ojos caprichosos del gobierno:
LAS CLASES ACOMODADAS.
Medida
tan osada del ejecutivo nacional, que es aplaudida por los sectores
financieros y grandes grupos empresarios ligados, directa o indirectamente,
al Estado, será que el kirchnerismo está convenciendo
a esta casta de sanguijuelas o en realidad cada vez está
más desmascarado el gobierno ante quienes quieren verlo.
Cómo si el ajuste les fuera insuficiente, pretenden, literalmente,
tirar por la cabeza el subterráneo al contrincante boquense,
claro está, con lo menos posible de recursos para que el
bostero se haga cargo del ajuste del topo transporte circulante
bajo los pavimentos de la esquiva ciudad casi autónoma, para
seguir fastidiando a la ciudad porteña, le han sacado el
subsidio al alumbrado público, hecho que no lo hacen con
el resto del país, mostrando una vez más, la arbitrariedad
rayana con lo intolerante de los autoproclamados progresistas.
Claro
está, como toda decisión política, siempre
hay muchas miradas diferentes, cada mirada pinta el mundo, en este
caso, el país que queremos o que dejamos que nos quieran
vender.
No debe existir país en el mundo que no tenga subsidios en
su presupuesto, el tema, es qué y por qué se quiere
subsidiar algún sector o sectores sociales, servicios o bien
productivos y, esta cuestión, no es precisamente menor, por
lo general hay intenciones inconfesables por lo cual se pretenden
disfrazar medidas; la que aquí nos ocupa, tiende a mermar
los salarios reales prácticamente a toda la población
en capacidad productiva.
Sabemos
que un sector importante de la sociedad, los más desfavorecidos,
han sido y son subsidiados por el Estado, precisamente, este corte
de subsidios a los servicios, está destinado a seguir con
el otro subsidio pretenciosamente progresista.
Solemos
escuchar a funcionarios nacionales y de otras jurisdicciones, incluida
la presidenta o presidente, realmente me importa poco esa cuestión
semántica, sacar pecho cuando hablan de la crisis europea
y el paro o desocupación existente en algunos países
del viejo continente, nada dicen que en el nuestro, en el actual,
en esta situación de bonanza económica por una coyuntura
internacional como nunca hemos tenido, si retiramos los subsidios
creados con claros fines clientelistas, la desocupación real
de la Argentina Progresista supera holgadamente el 20%, estas cifras
son datos de la realidad que intencionalmente se trata de ocultar,
tengamos en cuenta que sólo España y Grecia andan
en ese porcentaje en plena crisis, con la diferencia que el primero
supo utilizar sus épocas de bonanza generando empresas, muchas
de las cuales hoy son lideres mundiales, infraestructura de todo
tipo y vivienda para gran parte de sus gentes, entre otras acciones.
Con
esto quiero decir que se debe ir planificando el retiro de los subsidios
clientelistas por la generación real de trabajo, esta situación
tiene similitud al 1 a 1 de Menem, en el sentido que todos saben
que es insostenibles en el tiempo, pero es “políticamente
incorrecto” mencionarlo”.
Ningún
país que se precie medianamente serio puede soportar esta
sangría del presupuesto nacional. En primer lugar por una
cuestión ética que a las gentes pareciera no importarles,
aunque después, cuando llegan estas situaciones, o sea, cuando
le tocan el bolsillo, ahí es cuando saltan irascibles y hasta
con brotes xenófobos. Volviendo a la ética, el tema
es sencillo, no puede admitirse en ninguna sociedad democrática
que en forma intencionada se quite la cultura del trabajo a los
sectores más desprotegidos, haciéndolos depender de
la mano del poderoso caudillo de turno, esto trae aparejado, problemas
de impredecibles consecuencias cuando la canilla presupuestaría
empieza a gotear, seguramente en ese momento, los responsables estarán
buscando a quien echarle la culpa de su propia desmadre, No hay
que dejar pasar en este despilfarro que hemos vivido, el aumento
del empleo público de baja cualificación, sin ningún
concurso de oposición y antecedentes y sólo por el
dedo del polítiquero vernáculo.
Quién
no estaría de acuerdo que se nos quiten los subsidios que,
bien está señalarlo, nosotros no los pedimos, no hicimos
ninguna cola en el ANSES, ni los recibimos de ningún puntero
político; para no irme de mi pensamiento, seguramente, todos
estaríamos de acuerdo prescindir de èllos si fueran
destinados a subsidiar los interés de créditos hipotecarios,
permitiendo a los jóvenes obtener créditos accesibles
para la construcción o compra de su vivienda, además
de ser un acto de justicia social, a la vez generaría un
circulante productivo inmensurable, generando trabajo a cientos
de miles de los que hoy están sometidos a los designios de
los demagogos gestores de planes del más variado abanico.
Creo
interesante tratar de reflexionar desde otras ópticas que
no solemos observar se expresen en los medios de comunicación
en general. Es un buen ejercicio preguntarnos qué recibe
la clase media trabajadora de parte del Estado, esto debería
hacer pensar a más de un “político”, tanto
del oficialismo como de la atomizada oposición.
Desde
hace casi 20 años, por el deterioro creciente de la educación
pública, gran parte de los hijos de este sector estratégico
en todos los aspectos, comenzó a mandar a sus hijos a escuelas
privadas, muy a su pesar, con lo cual el Estado suele ahorrar un
dinero nada despreciable de su presupuesto y cargando el presupuesto
de estas familias; asimismo, amplios sectores de la clase media
poseen obras sociales, tanto de las empresas donde trabajan o bien,
en el caso de autónomos, contratadas a prestatarias privadas,
esto también debido a la cada vez más pauperizada
salud pública; otro ahorro para ese arbitrario presupuesto
público y otro incremento para el presupuesto de las familias;
el transitar por las rutas, se hace mediante pago de peajes en carreteras
concesionadas, ganancia del Estado y amigos del poder y mayor incremento
en el hasta aquí engrosado gasto de la hostigada clase media;
apenas el Estado le presta un servicio de seguridad y justicia que
no vale la pena mencionarlo; el transporte público subsidiado,
salvo contadas excepciones, también ha dejado de ser utilizado
por esta clase social, combis, micros diferenciados o propios medios
de locomoción, siguen incrementando los gastos del sector
medio. Me pregunto: ¿Qué sucedería si esta
clase media argentina, decidiera enviar a sus hijos a escuelas públicas,
acudir al sistema de salud estatal y utilizar masivamente los medios
de transporte públicos?, los dejo con la respuesta que cada
uno elabore, seguramente serán muy similares.
Los
argentinos, al menos la mayoría, ansiosos comedores de sapos
disfrazados de caviar, pero con gusto a sapo, deberían prestar
más atención a los menúes que les sirven los
gobernantes de turno, no creen que es hora que los sapos se los
coman ellos?
El
inconsciente, viernes 23 de diciembre de 2011 |