| ESTANCIA
LA MARGARITA
Un emprendimiento orgullo de General Rodríguez se viste de
fiesta todos los fines de semana
Para
volver a La Margarita no hace falta deshojar una... se vuelve siempre,
se la quiere para siempre... porque conocer La Margarita en General
Rodríguez es un amor para siempre...
Y
es que nos enamoramos a primera vista de La Margarita, y ya cuando
estamos en camino a ella advertir sus arboledas en el intenso verde
del campo, nos habla ya de un oasis de sosiego y serenidad... cuando
al abrirse la tranquera, nuestros ojos indagan en derredor con que
nos encontraremos, no podemos dejar de avizorar una jornada campestre
tal cual la imaginamos y entonces comenzamos a recorrer sus sendas,
descubriéndola poco a poco, pues La Margarita se explora
y poco a poco nos revela sus sorpresas, a cada cual, más
agradable...
En
seguida advertimos con alivio que no nos encontramos frente a una
plástica artificiocidad, sino, ante un lugar donde sus responsables
han capturado para nosotros, la esencia de lo rural, lo artesanal
y la gentil cortesía campestre.
Su
capillita de adobe, plena de serena e íntima beatitud; su
increible pulpería, donde se despliegan mil manjares; su
enorme salón de magníficas artesanías; sus
jubilosas y convocantes canchas de tejo... los mil bancos distribuídos
bajo los apacibles sauces refugio para el deslumbrante sol del mediodía...
caballos, faisanes y juegos para los niños... y por fin,
su colosal quincho donde luego de instarlarnos cómodamente
irrumpe bajo una unánime ovación el desfile de buenos
y buenas mozas portando deliciosas empanadas y refrescantes bebidas
de todo tipo, a preferencia del comensal y luego, tras sabrosos
chorizos y morcillas, la abundante parrillada de excelente calidad.
Mientras
tanto, Roxana y Nazareno, que ya han dado la bienvenida a los huéspedes
comienzan a deleitarnos con su simpatía desgranando una a
una las más populares canciones, donde todos los géneros
musicales están presentes, siendo irresistible para muchos
disponerse al baile al ritmo de la música y las impecables
voces de sus intérpretes, ya que existe una sola consigna
y un derecho, más que una obligación, cual es divertirse
para transcurrir una tarde inolvidable, y tanto entusiasmo nos hace
hasta olvidarnos del refrescante postre y, sobre todo, del reloj,
que inexorablemente nos marca que las horas se pasan literalmente
volando, tanta es la alegría con la que coreamos las canciones
mientras los audaces emprenden una jubilosa chacarera...
Promediando
la tarde nos disponemos a recorrer La Margarita, descubriendo nuevos
secretos, asentándonos confortablemente en torno a las mesas
donde compartiendo el juego de cartas y el infaltable mate; disfrutamos
de la placentera conversación y es entonces cuando nos distendemos
sorbiendo la maravillosa atmósfera de La Margarita como un
bálsamo para el espíritu mientras la vista se pierde
en el arroyuelo que serpentea entre floridos arbustos...
En
tanto, nuestros compañeros de jornada recorren libremente
sus instalaciones y adquieren tanto recuerdos, como artísticas
e invalorables artesanías, labrados cuchillos o elegantes
cántaros delicadamente pintados; o bien se aprovisionan de
dulces caseros, alfajores y embutidos, entre otros admirables comestibles.
Finalmente,
se nos convoca para la merienda, consistente en un autóctono
y legítimo mate cocido; tibias hogazas de pan casero, manteca
y dulce, mientras compartimos impresiones y nos referimos a las
valiosas antiguedades que pueblan los sitios visitados.
Como
en el almuerzo, solícitos mozos y mozas de afable sonrisa
están permanentemente atentos a nuestras necesidades y prestos
a satisfacerlas, y son los propios anfitriones quienes personalmente
nos despiden, agradecidos por la visita y quienes también,
permanentemente, recorren incansable y diligentemente el predio
supervisando que la estadía de los visitantes sea perfecta.
Y
sus esfuerzos, desvelos y preocupaciones tienen su recompensa cuando
los invitados saludan desde las ventanillas prometiendo volver,
porque, no sabemos si, como se dice, siempre se vuelve al primer
amor, de lo que estamos seguros es que a La Margarita, se vuelve
siempre.
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