| EDITORIAL
PIDAMOS
JUSTICIA Y MAYOR SEGURIDAD
Nancy
Ibarra, vecina de La Fraternidad cayó bajo un tren en movimiento
cuando le fue arrebatada la mochila.
Con sus piernas quebradas y su médula ósea destrozada,
entre otras tantas heridas; Nancy murió el lunes 31 de octubre
tras 45 días de internación.
Su crimen continúa impune.
Nancy
Ibarra había elegido trabajar y estudiar.
Había elegido ser mamá de dos pequeños; también
había elegido criarlos sola.
Trabajar
en Luján, terminar el secundario en el CENS, vivir en La
Fraternidad; no habrán sido, precisamente, sus elecciones
preferidas, pero habían sido las únicas que pudo elegir.
En
la vida de Nancy no existían muchas alternativas de elección,
como en las de tantos ciudadanos, a los que como ella les resulta
una vida dura y difícil.
Extenuada,
bajó a las 10 de la noche noche en la oscura estación
para llegar por fin a su hogar y ver a sus pequeños hijos.
Pero
no pudo ser... un violento tirón la sacudió y perdió
noción de lo que ocurría: alguien desde el tren, intentaba
arrebatarle la mochila...
Acaso
en sus días, inválida en una cama de hospital, Nancy
habrá imaginado preguntarle a su agresor: ¿Qué
de valor podrías encontrar en la mochila de una mujer que
trabaja y estudia, que debe viajar en tren y apearse a las 10 de
la noche en un andén y caminar hasta su casa en la oscuridad?
¿Y
ahora? ¿como podría continuar con sus estudios? ¿quien
alimentaría a sus hijos? A la difícil y dura vida
diaria se le agregaban más amarguras e impedimentos, ¿podría
volver a caminar? ¿en cuanto tiempo? ¿y el tiempo
perdido? ¿y porqué? ¿y porqué debía
pasar por todo esto?
Fué
un policial más, un lamentable hecho de "sensación
de inseguridad" que se diluyó rápidamente en
la campaña política de esos días. Nadie hizo
una marcha por ella pidiendo justicia, nadie la utilizó "politicamente".
Poco
contaba Nancy, que, con sus piernas quebradas y su médula
ósea destrozada no podría votar, inválida en
una cama de hospital.
Y
Nancy -como en tantas otras circunstancias- no tuvo elección.
Debió resignarse a que otros eligieran por ella. No se conoció
que desde la Intendencia municipal se halla pedido mayor seguridad
para las estaciones y las formaciones de TBA. Nadie hizo declaraciones,
nadie grito pidiendo justicia, la campaña terminó.
Sus
propios vecinos eligieron continuar con las circunstancias que impidieron
a Nancy elegir; las que arruinaron su vida.
Eligieron continuar con trenes inseguros, sin controles ni supervisión;
sin guardas, sin luces; sus propios vecinos eligieron continuar
manteniendo y dependiendo de funcionarios y entes corruptos, de
empresas que priorizan el lucro ante el "despilfarro"
que significaría cuidar la vida de sus usuarios; pues, lo
que siempre es escaso es el dinero, y "Nancys" son las
que sobran.
Nancy
no pudo participar ni de los alegres y eufóricos festejos
de los triunfadores ni de la amargura de los perdedores: yacía
olvidada, inmóvil y con sus piernas quebradas en la cama
de un hospital público.
Sus
propios vecinos eligieron continuar con las circunstancias que impidieron
a Nancy elegir; las que arruinaron su vida y sus futuras posibilidades
de elección, pues Nancy, murió finalmente el lunes
31 de octubre, en la cama de un hospital, murió victima de
un virus intrahospitalario, murió victima del desmantelamiento
del Hospital Vicente Lopez y Planes y, murió con la sensatez
y la prudencia de no arruinar la "campaña electoral",
estiró su agonía hasta que los responsables de su
muerte por omisión, hubieran finiquitado sus pases de ballet.
Ayer,
hoy y mañana todos somos y seremos una "Nancy",
presas fáciles y descartables de la incompetencia y desinterés
de quienes hemos elegido y si bien Nancy no tuvo opción,
nosotros la tuvimos a mano y, acaso, la hemos desaprovechado una
vez más.
Nadie
se hizo cargo de la responsabilidad por lo sucedido a Nancy, nadie
se responsabilizó por dejar que dos pequeños se criaran
huérfanos de madre; que abuelos se quedaran brutalmente privados
de su nieta, tíos de su sobrina, primos de su prima... tampoco
ellos pudieron elegir, les fue impuesto por la fuerza, por la insensibilidad
y el egoísmo, por la irresponsabilidad de otros, los "elegidos",
por la libertad que gozan los que son protegidos por las leyes y
el "poder".
Entonces,
¿que cuota de responsabilidad hiere nuestras conciencias
cuando elegimos y determinamos que el destino de Nancy no fuera
envejecer junto a sus hijos y nietos, sino, que a los 27 años
yazca en una tumba cubierta de flores?
Parafraseando
al Freud de "El malestar de la cultura" podríamos
decir que una sociedad que extermina a sus jóvenes, y que
transforma a sus jóvenes en asesinos, no tiene posibilidades
de permanecer, y acaso, ni lo merezca.
Diario
Acción, 7 de noviembre de 2011 |